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Joan Costa siempre será un referente ineludible en el mundo del diseño gráfico. Es una de las máximas autoridades en comunicación visual, y en su obra “La Rebelión de los signos” explora la manera en la que el diseño hace al mundo más inteligible. Junto con su coautor Daniel Raposo nos lleva de la mano hacia los orígenes de la humanidad y las necesidades de expresión que siempre parecen haber obsesionado al hombre.

Para desvelar el aporte de este libro, resumiré para ustedes la entrevista que Magdalena Ruiz Guiñazú le hizo en Buenos Aires hace ya varios años.

Joan Costa

“Hace ya trescientos mil años que el hombre comenzó a grabar figuras y formas con trazos ocre sobre las piedras blancas. Y, desde el punto de vista humano, éste es un fenómeno particularmente interesante. ¡A veces hay que hacerse preguntas inútiles! – añade Costa con ironía – Tan inútiles como esta: ¿de dónde salió la geometría?. Siempre me lo pregunto. ¿Cómo aquel ser, que aun no era humano, empezó a dibujar rombos y triángulos?. A superponer triángulos en series. A trazar líneas paralelas y líneas cruzadas… Siempre me pregunto ¿cómo emerge de él la geometría? Ciertamente no de su entorno.

No había geometría en su entorno y mucho menos entonces. Por lo tanto creo que la geometría estaba en la mente humana. Más que una iluminación, la geometría, quizás fue un pasatiempo. Algo lúdico… como entretenerse, por ejemplo. No puedo comprenderlo y creo que nunca llegaré a descubrirlo.

Los primero signos debieron haber sido hechos rasgando sobre una superficie relativamente blanda… y esto ocurre mucho antes de que el hombre empezara a pintar bisontes en las cuevas. También estamparon sus manos sobre paredes como afirmación de su identidad. Este es un asunto muy interesante porque nos recuerda el fenómeno de la humanización de un primate que se humanizó.

Las ilustraciones de las paredes estaban hechas con un carbón. Un carbón de madera quemada. También con minerales, con piedras que estos seres tuvieron la capacidad de teñir. Por eso el color ocre que en terrones de minerales tiene tres matices: el rojo, el marrón y directamente el ocre. Con eso marcaron la pared, dejaron el rastro del color… dibujaban. Por lo visto mezclaron todo esto con la grasa de algún animal para darle mayor solidez.

Podría ser una de las respuestas a su supervivencia, al desgaste y a las humedades. Algo fantástico. Y lo que me llama la atención es que unos seres que estaban viviendo en tiempos en los que la lucha por sobrevivir era enorme y donde todo consistía, finalmente, en comer o ser comido, porque no existía otra alternativa, bueno, esos seres cuya gestualidad estaba centrada en la autodefensa contra los ataques del entorno y en la cacería de animales, encuentran, descubren la gestualidad que no tiene nada de funcional. Empiezan a hacer dibujitos y líneas. Quién sabe si buscan alguna forma de expresión. Esto no lo podemos saber.

Avanzando en el tiempo pasamos por la transcripción manual de pergaminos elaborados por los monjes sobre pergamino. Fue entonces que el libro desplazó al rollo. Se cayó en la cuenta de que al doblar las páginas y ponerlas unas junto a las otras, el libro cobraba una gran supremacía frente al rollo Se le podía ubicar verticalmente e indicar, en el lomo, de qué obra se trataba. Obviamente eso es imposible en los rollos.

Luego el formato del libro aportó, por primera vez, la idea de numerar las páginas y, en consecuencia, ubicar el material buscado con mucha mayor facilidad. El rollo nunca tuvo esa capacidad. No era funcional.

Ahora bien, la primera imagen impresa aparece sobre un bloque de madera, como técnica predecesora de la imprenta en China, pero cada página equivalía a un bloque de madera. Grabar letra por letra significaba almacenar bloques de madera para el hipotético caso de una reimpresión. Todo esto era muy engorroso hasta que Gutenberg cayó en la cuenta de usar los tipos móviles para simplificar el trabajo y surgió la imprenta.

Este invento facilitó las cosas pero también consiguió “desplazar” de alguna manera a los monjes que hasta ese momento tenían el control de toda la información y el conocimiento, incluso  hubo un monje muy reaccionario hacia este invento, que proclamó que la escritura manual era preferible y que los libros debían ser hechos a mano. Consideraba que la imprenta era algo así como un engendro del demonio. Luego forzado por las circunstancias, cambió completamente su discurso y explicó que la imprenta había sido una iluminación de Dios para conservar los textos sagrados.

Cuando se presentan las Tablas de la Ley en el monte Sinaí, se dijo que estaba prohibido representar la escena en imágenes. De la misma manera que tampoco se podía representar lo que estaba bajo el agua, bajo la tierra o lo que estaba en los cielos. Esto es poco conocido. Justamente fue el momento en el que la escritura pasó a signos geométricos. Anteriormente se trataba de una representación pictográfica. Se mostraba la forma de las cosas: un jarrón era un jarrón y el sol, un sol. Desde el episodio de las Tablas de la Ley, sobre todo en Egipto, comenzó a descender la representación de las formas naturales y comenzaron a crearse las letras como símbolos abstractos.

Después, en los tiempos de los Iconoclastas, insistían en que Dios no quería que hubiera imágenes. Otros sostenían la tesis contraria a favor de las imágenes. Esta guerra duró siglos y finalmente el cardenal Belarmino encontró el argumento necesario para que las imágenes se mantuvieran. Yo siempre me pregunto ¿Qué habría sido de la religión católica sin imágenes? eso habría sido increíble. Creo de veras que no habría podido subsistir.

En la Edad Media, en Alemania, los monjes usaban la letra Carolina que tiene su origen en el emperador Carlomagno. Los caracteres góticos eran sueltos. En cambio los carolinos estaban ligados. Aquí tocamos el tema del soporte de inscripción, el instrumento de inscripción, que determina del trabajo gráfico. Así tenemos entonces las primeras escrituras sobre tablillas de barro y marcadas con punzones lo cual determina un tipo de escritura. Luego, cuando se forman las letras sobre la piedra con un martillo y un cincel llegamos a un proceso de incisión. La letra se inscribe y se golpea. Cuando se escribe sobre seda, en cambio, el proceso es por contacto. El pincel resbala.

O sea, que resumiendo, el soporte, la materia y la herramienta condicionan también la forma de escritura. Por eso yo digo que aquello de que “el medio es el mensaje” es falso. Bueno, no es el mensaje pero lo condiciona. Lo determina porque le impone la técnica.

El medio impreso no es el medio radiofónico ¿verdad? Pero el mensaje es el mismo. Se puede decir las mismas cosas en palabras radiales o en un texto de papel.

Repito entonces, el medio no es el mensaje de la misma manera que la autopista no es el viaje.

El Renacimiento fue, como sabemos, el después de la Edad Media, donde todo giraba alrededor de Dios. Esto cambia en el Renacimiento donde todo gira en torno al hombre. Todo se hacía por y para el Hombre como centro de todas las cosas. Y allí es cuando nace el pensamiento científico. Todos eran geómetras, filósofos, cartógrafos o matemáticos. Todo lo medían o calculaban. Fue una época brillantísima en la que el ser humano acumuló muchísimos conocimientos.

También, y poco antes del Renacimiento, se produjo un evento que nos hizo ver por primera vez una cosa imposible y creo que deberíamos celebrar y agradecer a Mercator, el hombre que nos hizo ver, a la vez, todos los puntos de una esfera. Algo imposible de lograr simultáneamente. Pues bien, Mercator fue el primero que construyó un mapamundi. Convirtió la espera terráquea en un plano. Era geógrafo, un cartógrafo. Estableció las coordenadas sobre el papel y uso el método de cuadrícula que permite repetir una imagen cuadriculada sobre otra superficie también cuadriculada copiando las líneas que están en cada cuadro.

Así se hizo para plasmar los grandes monumentos y esculturas. Primero se dibujaba en pequeño con la cuadrícula y lo que significaba un centímetro luego se convertía en diez o en veinte, según la escala. Es una forma de fragmentar muy cartesiana. De esa manera, Mercator nos enseño cómo era el mundo.

El desafío actual es hacer comprensible a los niños o a cualquiera un conocimiento científico. En Europa hay un movimiento promovido por la propia Comunidad Europea que es un proyecto de futuro. La idea es que Europa sea una potencia mundial en cultura, en conocimiento. Los norteamericanos son los líderes en armamento o lo que sea pero Europa quiere ser una potencia en conocimiento. Por eso todos los países de la Comunidad están obligados a invertir el 0,7 del PIB para investigación científica.

Se han hecho algunas encuestas preguntándole a la gente que significa ciencia para ellos. Las respuestas señalaban que era algo importante que resultaba sólo para sabios. Los promotores de la idea entonces decidieron que lo que hay que hacer es ubicar a la ciencia en la calle. Pensé entonces, en seguida, que para que esto sea posible tiene que ser visual

Albert Einstein decía siempre “si no puedo dibujarlo es que no lo entendí”. El ver las cosas abrirá el espíritu de la gente. Justamente por eso insisto en el ejemplo de Mercator. Fue un hombre que hizo un gran trabajo gracias a un dibujo que resultó un aporte cultural de enorme importancia. Esto es lo que, en última instancia estoy predicando.

Si pretendemos que ésta sea la sociedad del conocimiento, el diseño gráfico tiene que colaborar en esto por que para el ser humano el 80% de lo que percibe le entra por los ojos.

 

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